Uno de los aspectos más frustrantes de la fibromialgia es el dolor difuso y aparentemente inexplicable. No hay una articulación inflamada, no hay una fractura, y sin embargo el dolor es real, intenso y constante. Para comprender este fenómeno es necesario observar cómo el sistema nervioso procesa las señales dolorosas.
¿Cómo funciona la percepción del dolor?
En condiciones normales, cuando un tejido sufre un daño, los receptores del dolor (nociceptores) envían señales eléctricas a la médula espinal, que las filtra antes de transmitirlas al cerebro. Solo las señales más relevantes superan estos filtros espinales y llegan a nuestra conciencia como sensación de dolor.
Este sistema de filtrado es fundamental: si cada micro-estímulo llegara al cerebro, estaríamos constantemente abrumados por sensaciones dolorosas provenientes de cada parte del cuerpo.
Cuando los filtros se rompen
En la fibromialgia, este mecanismo de filtrado se vuelve disfuncional. Las neuronas de la médula espinal, sometidas a estimulaciones prolongadas o repetidas, entran en un estado de hiperexcitabilidad: su umbral de activación disminuye drásticamente. El resultado es que estímulos normalmente inofensivos —como una ligera presión, el contacto con la ropa o un abrazo— son interpretados como dolorosos.
El fenómeno del cortocircuito
Un aspecto particularmente relevante es la capacidad de los nervios periféricos de memorizar estímulos de diversa naturaleza e intensidad. Un golpe, un trauma, una infección pueden dejar una huella en el sistema nervioso que persiste mucho más allá de la curación del daño original. Este cortocircuito neuronal puede mantenerse activo durante años, alimentando el dolor crónico.
La hipersensibilidad sensorial global
En el síndrome fibromiálgico, todos los sistemas sensoriales pueden volverse sobreactivados:
- Tacto: estímulos ligeros percibidos como dolorosos (alodinia)
- Audición: hipersensibilidad a los ruidos
- Olfato: olores normales percibidos como desagradables o intensos
- Vista: molestia por luces intensas
- Sabor: aversión hacia ciertos sabores
Esta hipersensibilidad generalizada confirma que el problema no reside en los órganos sensoriales individuales, sino en la forma en que el sistema nervioso central procesa toda la información sensorial.
La buena noticia
El sistema nervioso es plástico, es decir, capaz de modificarse. Así como ha aprendido a amplificar las señales, puede aprender a regularlas nuevamente. Enfoques que actúen sobre la reducción de la sobrecarga sensorial y la restauración de los mecanismos inhibitorios espinales pueden llevar a una mejora significativa del dolor.
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